Educar desde lo socioemocional

  Agosto del 2019

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  Para Papás, Tecnología

Por: M.C.E. Eugenia Cárdenas.

Hasta hace algunos años, en los ahora llamados modelos de enseñanza tradicionales, se creía que la inteligencia tenía un origen genético, y se asignaba una nota numérica con base en habilidades lingüísticas y matemáticas. Se resaltaba el valor racional sobre lo emocional, porque desde este punto de vista lo emocional tenía que ver con lo instintivo, se caía en el discurso: “yo soy así, y no puedo cambiarlo”.

Estos modelos de enseñanza tradicionales centran las competencias que debe desarrollar el alumno en los conocimientos sobre una materia o tema en particular, ámbito que tiene estrecha relación con las habilidades cognitivas, es decir, con el saber y dominio sobre un área para alcanzar las metas propuestas.

Todos estos procesos de pensamiento tienen un órgano rector: el cerebro; sin embargo, dicho órgano también controla las emociones. La emoción sería la base de la razón y, así como se puede adquirir y entrenar el conocimiento, también puede suceder lo mismo con las habilidades emocionales. Todo lo emocional y social forma parte de la razón y, en conjunto, son la llave para la libertad y una toma de decisiones más fundamentada.

El conocimiento sobre una materia de estudio no es suficiente para que los alumnos logren niveles óptimos de aprendizaje, y es precisamente en este punto donde recae la necesidad de desarrollar las habilidades socioemocionales, reiterando el papel del alumno como un sujeto de aprendizaje que está en constante interacción. “El vínculo afectivo es una necesidad primaria significativa que constituye la base para crear los lazos entre el individuo y su grupo social de referencia, y que sólo puede ser satisfecho dentro de la sociedad”. (García Cabrero, 2009: 5).

Esta serie de emociones y sentimientos que permean dentro y fuera del aula afectan directamente de manera que el alumno es capaz de influir en sí mismo, en los demás y en la comprensión de los retos globales. La habilidad que permite poner en claro y reconocer este proceso afectivo se denomina inteligencia emocional.

En palabras de Fernández-Berrocal y Extremera (2002):

La inteligencia emocional se define como la habilidad de las personas para atender y percibir los sentimientos de forma apropiada y precisa, la capacidad para asimilarlos y comprenderlos de manera adecuada y la destreza para regular y modificar nuestro estado de ánimo o el de los demás. (p. 2).

Esta inteligencia comprende cuatro componentes a seguir para la identificación de los propios sentimientos y emociones:

  • Percepción y expresión emocional: hacer consciente la emoción e identificarla por medio de una etiqueta verbal.

  • Facilitación emocional: generar sentimientos que promuevan el conocimiento, sin que este se nuble por dichos sentimientos.

  • Comprensión emocional: vincular el sentimiento con el pensamiento al reconocer la complejidad de los cambios emocionales.

  • Regulación emocional: controlar las emociones de manera que puedan direccionarse hacia un desarrollo eficaz.

En relación a lo anterior, la percepción y expresión emocional establecen las bases para controlar los propios sentimientos; este reconocimiento parte de la capacidad de poder describir lo que se siente y expresarlo de forma verbal. Al momento en que una persona externa esta serie de emociones, puede vivenciar y moderar éstas sin dejarse llevar por pasiones o impulsos exaltados.

A su vez, la facilitación emocional permite posicionar el conjunto de sentimientos al ambiente donde la persona se desenvuelve, de manera que propicia un entorno de confianza al guiar la atención al razonamiento y toma de decisiones pertinentes.

De igual forma, para crear empatía, primero se debe reconocer el propio estado de ánimo que encaminará a la comprensión de los demás. Significa situarse en el lugar del otro a partir de la identificación de todo aquello que comprende a una persona, sus necesidades y deseos, cómo afecta cierto estado de ánimo, sus causas y consecuencias, para poner en común todas esas instancias con aquel que se acompaña.

Finalmente, una de las habilidades más complicadas será el regular los propios sentimientos y emociones; sin embargo, esta regulación implica evitar respuestas emocionales descontroladas en situaciones de ira, miedo o provocación, al ser consciente en la diferencia entre sentir una emoción y dejarse llevar por ella.

Cuando el alumno demuestra que es una persona genuina capaz de comportarse con empatía e inteligencia emocional, contribuye a generar un ambiente de confianza, realiza un análisis más acertado sobre su entorno y toma decisiones desde lo que necesita. Entiende, actúa y vive para ser un agente de cambio en su realidad y la de los demás.

Fuentes de consulta:

  • Fernández-Berrocal, P. y Extremera, N. (2002). La inteligencia emocional como una habilidad esencial en la escuela. Revista Iberoamericana de Educación, 29, 1-6.

  • García Cabrero, B. (2009). Las dimensiones afectivas de la docencia. Revista Digital Universitaria de la UNAM, 10, 11.

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